ECOFEMINISMO Y ECONOMÍA FEMINISTA

 

Interdependencia, este concepto ha sido vital para el desarrollo de la especie humana, tanto en su dimensión primera entre los grupos humanos y los/as propios/as individuos/as, y en una dimensión de conjunto entre las personas y el medio ambiente. Esta concepción requería de un equilibrio que debía ser respetado para asegurar la supervivencia y la reproducción.

Defendemos la interpretación de la interdependencia como sostén del desarrollo de la humanidad, es decir, entendiéndola como nuestra capacidad para cuidarnos y cohesionar nuestros esfuerzos en el ámbito tanto de la producción como de la reproducción, al dotar de reconocimiento y valor social el ámbito de la reproducción y los cuidados.

Nuestra sociedad ha modificado radicalmente las condiciones de intercambio de la humanidad con el medio natural creando un estado de alteración global denominado Cambio Climático que  según los datos de Greenpeace supone: “El aumento de la temperatura global de 0,85 ºC, el mayor de la historia de la humanidad, la subida del nivel del mar, el progresivo deshielo de las masas glaciares, como el Ártico, daños en las cosechas y en la producción alimentaria, las sequías, los riesgos en la salud, los fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas y huracanes” (http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Frenar-el-cambio-climatico/)

Estas consecuencias del cambio climático produce fuertes impactos económicos y sociales, que serán cada vez más graves, y que a día de hoy comienzan a impulsar las llamadas migraciones ambientales y agudizan en el África subsahariana las consecuencias de los conflictos bélicos como sucede en la región del Sahel.

Frente a este panorama podemos encontrar planteamientos que enfatizan el valor de la vida (tanto para lxs humanxs como para el conjunto del planeta), estos planteamientos se abanderan desde las economías alternativas como la economía feminista, el ecofeminismo y la idea del Buen Vivir. Estas líneas de pensamiento proponen un desarrollo económico que se ajuste a las necesidades reales de la especie que garantice un acceso adecuado a los medios de subsistencia a todas las personas, que ponga en valor aquellos factores que suponen condiciones óptimas de realización para lxs seres humanxs frente a la artificial manera de vivir basada en la acumulación sin límite, la explotación y el desequilibrio en todas las relaciones tanto sociales como personales, económicas y con la naturaleza. Es decir, escuchar la sabiduría del cuidado de las mujeres y poner la vida en el centro para potenciar una vida que merezca ser vivida para todas las personas del planeta.