La responsabilidad empresarial ante las agresiones y el acoso

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Cada cierto tiempo saltan a los medios de comunicación casos de agresión, acoso o discriminación en entornos laborales. Estos casos suelen conllevar características especiales que son las que los hace más relevantes que otros para resultar ser noticia. Pero la realidad es que la discriminación, las agresiones y el acoso en los espacios laborales se producen de modo mucho más habitual de lo que cabe suponer.

El papel que adoptan las empresas en estos conflictos y su responsabilidad en ellos se vuelven cuestiones clave, pues las empresas están obligadas a garantizar la seguridad física y psíquica de su personal, así como a garantizar espacios laborales seguros y libres de agresiones.

Referencias legislativas en materia de acoso y agresiones

Esta obligación emana de diferente normativa a nivel nacional. Desde la propia Constitución Española, pasando por la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, la Ley General de la Seguridad Social o el Estatuto de los Trabajadores.

Cuando la situación de violencia sufrida tiene su origen en el hecho de ser mujer, además está afectada por la Ley para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres y por la Ley Integral Contra la Violencia de Género.

Qué pueden hacer las empresas

El papel que adopten las empresas ante este tipo de conflictos se vuelve clave para evitarlos, minimizarlos y reducir los costes que conllevan por la pérdida de talento que originan, el incremento de las bajas laborales, la pérdida de productividad y los gastos invertidos en defensa y asunción de responsabilidades judiciales.

El mejor método siempre reside en la prevención. Una adecuada política empresarial que deje claros los principios de relación en la organización y el compromiso de la dirección hacia ellos y hacia la condena expresa a tipos de comportamientos abusivos y agresivos, se vuelve fundamental para crear un ambiente de trabajo saludable.

También disponer de herramientas preventivas, como protocolos para prevenir situaciones de acoso y agresión, unidos a una correcta difusión de los mismos a todo el personal para que sea conocedor de sus obligaciones, derechos y cómo y a quién dirigirse en caso de conflicto.

Finalmente la formación al personal; especialmente a la dirección, mandos intermedios, responsables, representantes sindicales e integrantes de las comisiones encargadas de intervenir en los conflictos. Para conocer cómo funcionan los procesos de acoso, cuáles son los perfiles de quienes agreden, sufren la agresión, los mecanismos que se utilizan y cómo se debe proceder para prevenir, atajar y resolver cuanto antes y del mejor modo posible estas situaciones.

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