8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras

 

8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras

Tras la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras queremos hacer desde Isótita una reflexión que nos traiga a la memoria los orígenes del movimiento feminista en nuestro entorno cercano para comprender dónde se inician las reivindicaciones por una sociedad igualitaria y en la que la diversidad se gestione desde la equidad y la justicia. Como sabemos uno de los primeros cuestionamientos de la legalidad misógina en Europa, nació de la mano de Olympe de Gouges con su declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, ideas que también quedaban recogidas en la obra de su coetánea Mary Wollstonecraft al identificar estas pensadoras ilustradas la relación entre la situación real de las mujeres y la falsa universalidad de la norma escrita.

Sus descendientes ideológicas directas fueron las militantes sufragistas, cuyas principales luchas y reivindicaciones se basaron en la lucha por establecer un marco legislativo igualitario y justo con el conjunto de la sociedad, su gran caballo de batalla fueron los derechos de represtatividad y participación política, pero junto a ellos demandaron la creación de la categoría de ciudadana a imagen de la existente para los ciudadanos: «La historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre con respecto a la mujer, y cuyo objetivo directo es el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella. Para demostrar esto, someteremos los hechos a un mundo confiado. El hombre nunca le ha permitido que ella disfrute del derecho inalienable del voto. La ha obligado a someterse a unas leyes en cuya elaboración no tiene voz. Le ha negado derechos que se conceden a los hombres más ignorantes e indignos, tanto indígenas como extranjeros. Habiéndola privado de este primer derecho de todo ciudadano, el del sufragio, dejándola así sin representación en las asambleas legislativas, la ha oprimido desde todos los ángulos. Si está casada la ha dejado civilmente muerta ante la ley. La ha despojado de todo derecho de propiedad, incluso sobre el jornal que ella misma gana. Moralmente la ha convertido en un ser irresponsable, ya que puede cometer toda clase de delitos con impunidad, con tal de que sean cometidos en presencia de su marido.» («Declaración de Seneca Falls» en MARTIN-GAMERO, A.: Antología del feminismo, Madrid, 1975, p. 53.)

En esta líneas de pensamiento y en la historia del estado español son muy interesantes las reflexiones de la pensadora Concepción Arenal en su crítica a una legalidad cruel y misógina que mantenía una diferente actuación dando un carácter a la concepción de las mujeres como sujetos delictivos en el derecho penal mientras les negaba derechos en el derecho civil: “Si la ley civil mira a la mujer como un ser inferior al hombre, moral e intelectualmente considerada, ¿por qué la ley criminal le impone iguales penas cuando delinque? ¿Por qué para el derecho es mirada como interior al hombre, y ante el delito se la tiene por igual a él? ¿Por qué no se la mira como al niño que obra sin discernimiento, o cuando menos como al menor? Porque la conciencia alza su voz poderosa y se subleva ante la idea de que el sexo sea un motivo de impunidad, porque el absurdo de la inferioridad moral de una mujer toma aquí tales proporciones que la ven todos: porque el error llega a uno de esos casos en que necesariamente tiene que limitarse a sí mismo, que transigir con la verdad y optar por la contradicción. Es monstruosa la que resulta entre la ley civil y la ley criminal; la una nos dice: —Eres un ser imperfecto; no puedo concederte derechos—. La otra: —Te considero igual al hombre y te impongo los mismos deberes; si faltas a ellos, incurrirás en idéntica pena.” (ARENAL, Concepción La mujer del porvenir 1861, en MARTÍN-GAMERO, Amalia, Antología del feminismo, Alianza, Madrid, 1975, pp. 128-129)

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